18/5/20

Nadie se quiere sentar en tu silla. La dejé en el medio del pasillo, sobre la luz de la tarde, para que moleste y alguien la use, la corra, la tire o haga lo que quiera. Pero nadie quiere hacerse cargo. A veces voy atareada por la casa y me la choco. A veces voy exclusivamente a mirarla. Líneas rectas y duras, madera maciza y compacta, café espeso y fuerte. No sé qué tipo de criterio tomé al designarte algo tan pesado pero sé que nunca nadie volverá a sentarse en tu silla. Porque ya no permito, adentro mío, tanto dolor.