1/10/19

Yo, que no sé cómo pagar ciertas cuentas;
que nunca sé si me voy a recibir;
que tengo más falta de que sobra de;
que me olvido de lo que te iba a escribir...

Yo, que siempre tuve miedo de tener miedo;
que el primer paso me agita el cuerpo;
que no fui cobarde, pero tampoco valiente; hablé de nosotros con el Tiempo.

Con ansías de ganarme, preguntó:
"Pero entonces, ¿qué querés que sean?"
Y yo, con todas las de perder, respondí:
"Nada. Quiero que seamos nada".

Me miró con sus agujas largas y cansadas, la barba blanca muy gastada,
los labios pintados de rojo vida
y sus manos de madera vieja.

Un tanto extraño, asintió con la cabeza
y se marchó cumpliéndome el deseo.
Ese viejo sabio, imparable y cruel me enseñó que nada,
es para siempre.