Me siento de catálogo, una publicidad que ves en la calle y te llama la atención, un par de piernas, un par de tetas, un pedazo de carne. De todo, menos mujer, cuando vuelvo caminando con la cabeza baja y me susurras lo que no le dirías a tus hijas, con esa voz que intentas hacer macha pero te sale asquerosa.
Pienso en las que vienen caminando atrás mío o en las que pasaron antes, llenas de miedo y de odio, en las valientes que quizás te gritaron que sos un viejo verde -celeste, corrijo- en las que tuvieron un mal día como yo y tus palabras no hicieron más que detonarlo.
Pienso en la hora que es y yo caminando sola.
Pienso en la hora que es y yo queriendo llegar a casa.
¿Sabes cuántas veces esquivo calles llenas de vos durante el día? De vos y de tus amigos, que me divisan a lo lejos y van preparando los comentarios más insulsos que esas cabezas llenas de nada les deja crear.
Y la mirada, tu mirada también me atraviesa el cuerpo y me molesta, me tironea la ropa y me da ganas de correr.
Vuelvo a pensar en las pibas esperando que lleguen a donde las están esperando.
Vuelven ellas a pensarme esperando que a mi también me dejen de esperar.