Llegamos caminando por la madrugada en la madrugada y no quisimos madrugar. Abrimos la puerta riéndonos con risa fuerte y una felicidad muy feliz. Entramos a la habitación bailando lento y torpe y mal. Dos segundos más tarde, estábamos tomando mates en ese lugar del que siempre me hablas. Tres segundos antes comprábamos en un mercado chino cualquier cosa para cenar. Quince menos ocho segundos después, nos reíamos porque la comida me salió mal. El tiempo nunca puede ser negativo, recordé. Después me invitaste a ver una película y yo pensaba en las cosas que podíamos hacer. O en dónde te podía imaginar más tarde. Terminó la canción. Y volví a estar acostada en mi cama.