No prometió estar siempre conmigo, ni habló de la casa, los perros o los hijos que podríamos tener.
Me di cuenta de que ni eso me quería mentir y me gustó que no me enrede en cosas que no sabe si puede o quiere darme.
No me dijo que soy indispensable en su vida, ni que me necesita como el aire, o que sin mí no sabe a dónde ni cómo seguir.
Y a mí me gustó no ser su kryptonita, su punto débil, su cuerda floja. Me gustó sentirme libre de salir de nosotros sin destrozar ninguna vida.
No me dijo princesa, me dijo "guerrera, vos no naciste para quedarte en casa", al mismo tiempo que me hacía un lugar entre su brazo y su pecho y me secaba los miedos.
No me dijo que era la más hermosa del mundo y sin embargo así me siento cuando me toca.
No dijo cosas para retenerme,
hizo cosas
para que me quiera,
para que me quiera quedar.