-Y así fue. No hubo duelo. Quiero decir, no le duelo.-el aroma a café le golpeaba la nariz haciéndola sentir a gusto, como en casa.
-Todos tenemos distintas maneras de seguir adelante, tal vez esa sea la suya...-Intenté sanarle un poco el alma.
-Ya estaba agotada, ahogada, perdida. Mi esencia entera evaporada en ese enredado amor. No me pidió perdón. Pero lo perdono. Nos perdono. Ojalá sea feliz.
-Ojalá vos también.
-Ojalá.
Y se quedó mirando un punto fijo, con la taza entre las manos apoyada en su rodilla. Tiene algo tan lindo en el gesto de querer verse bien y de quererse bien. Tan hermosa su cotidianeidad. Para mí, la fuerza se mide en la cantidad de amor que tenemos para dar. No dijo nada. Pero la vi. La vi irse.
Fuerte.
A dar la vuelta al mundo,
para abrazarlo por la espalda.