Se detiene en el extremo, se sienta y, como tantas otras veces, se enamora perdidamente de ese cielo y ese mar. Pensó en el agua y en la vida, y en la posibilidad de poder apagar su mente para ciertas cosas sin importancia. Escucha risas pasajeras, tal vez alguien caminando cerca, o tal vez su imaginación. El aire se torna cada vez más fresco y oscuro. A lo lejos, un barco pierde el ancla y con ella, su agarre. Su posición, su dependencia. Comienza a navegar a la deriva. Se le ocurrió pensar que se soltaron como se sueltan las cosas que necesitan soltarse. Como las personas que ya no se saben amar. Como quién necesita irse y tiene la valentía de avanzar. Cerró los ojos y no sintió culpa. "Hay pérdidas que causan tristeza, sufrimiento, dolor. Otras, sin embargo... causan alivio".
