La consigna era compararte con algún objeto que no tenga vida. Y te comparé con un libro. Para ser más específica, con un libro de tapa roja que por fuera no dice nada.
¿Y qué sentido tiene? - preguntó.
La vida me hizo curiosa - respondí -
y los únicos hombres que me pueden enamorar perdidamente, están en los libros. No le bastó con mi respuesta y me pidió que te compare con una acción. Me pareció correcto el verbo viajar, con todo lo que eso implica.
¿Entonces? - cuestionó
. Uno nunca se olvida de los viajes. Uno llega a casa después de un largo viaje y se siente diferente. Es conocer todos los días algo nuevo y guardar el recuerdo. Entonces es una aventura.