2.7.17

Venía por la vereda acomodándose la mochila en la cintura para poder sacar las llaves hasta que se detuvo. La vi. La vi irse. No con las piernas sino con la mente. Algo se la llevó. Pude ver un mar en sus ojos y no hablo precisamente de su color. En el gesto que hizo con la boca leí una avalancha de preguntas sin respuestas, anotaciones en los márgenes y cosas que tachó. Su nariz llovía torpemente y le molestaba. El viento y el frío hicieron remolinos con su pelo y sin embargo, no se movió. Venía por la vereda acomodándome la mochila en la cintura para poder sacar las llaves hasta que me detuve. Y me vi. Me vi irme en mis problemas e inseguridades en el medio de mi nada. Algo me dolió. Pude verme desde afuera por un segundo y por un segundo pudo verse desde afuera. El mar, la avalancha, el viento, el frío. En lo finito de un segundo en un solo cuerpo. Y lo entendió. Su esencia era ser un espectáculo natural. Inmensa y fuerte. Un caos. De alegría, de tristeza, de angustia y de lo que ella quiera. Sacó las llaves, abrió la puerta y siguió caminando. "Sentir", se dijo, y se quiso más que antes.

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