29.1.17

Se acercó caminando lento, pensando detenidamente en cada uno de los pasos que la llevaban hacia el muelle. El clima era de esos climas que sólo saben describir los buenos escritores, una guerra armoniosa entre anaranjados y tintes rosas, que terminan explotando entre violetas, azules y vaya a saber uno cuántos tonos más. Inundaba toda esa mezcla de colores, una brisa nostálgica y suave, premonitoria de ese fin, o de cualquier fin. 

Se detiene en el extremo, se sienta y, como tantas otras veces, se enamora perdidamente de ese cielo y ese mar. Pensó en el agua y en la vida, y en la posibilidad de poder apagar su mente para ciertas cosas sin importancia. Escucha risas pasajeras, tal vez alguien caminando cerca, o tal vez su imaginación. El aire se torna cada vez más fresco y oscuro. A lo lejos, un barco pierde el ancla y con ella, su agarre. Su posición, su dependencia. Comienza a navegar a la deriva. Se le ocurrió pensar que se soltaron como se sueltan las cosas que necesitan soltarse. Como las personas que ya no se saben amar. Como quién necesita irse y tiene la valentía de avanzar. Cerró los ojos y  no sintió culpa. "Hay pérdidas que causan tristeza, sufrimiento, dolor. Otras, sin embargo... causan alivio"


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Te leo atentamente