11.4.16

A eso de las 22:22 p.m. cayeron rendidos en la misma cama. Uno de los dos pensó que el día había sido largo, pero que le encantaban los días sin rumbos y sin planes. El otro pensó en que todos los días son así desde que los pasan juntos. El primero de ellos, se dijo a sí mismo, que disfrutaba de esos silencios. Se preguntó si alguna vez había respetado otros silencios con el mismo amor. La sintió recostarse sobre su pecho y pensó en las probabilidades que había de volver a repetir un momento. "Nulas", se dijo. Sin embargo, desde que todos los días son sin rumbo, sólo suelen ser buenos y mejores días. No surgen ganas de repetir, sino, de avanzar. Ganas de querer pasar más días, otros días. La envolvió con sus brazos. Pensó en que nunca hay malas posiciones para abrazarla. Y en que tal vez, ella piense lo mismo. Sin embargo, en aquella otra mente, jugaba la magia de sentir que, aquellos otros brazos, eran ahora, un nuevo hogar.

-¿Te sentís cansada?- Preguntó
- Me siento cómoda -...Contesté.


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Te leo atentamente