21.2.16

Hay cierto placer en decir las cosas que no debemos decir, que sólo los que no cierran la boca como yo, conocen. Decirte por ejemplo idioteces, como que me gusta cómo sonríe tu nariz cuando te hago reír o cómo me hablan tus ojos cuando no te digo nada. Que te quiero como para cuidarte cuando enfermás o como para acompañarte a donde no tengas ganas de ir.  Como para olvidarme los guantes en invierno y tener que darte la mano para no sentir frío. Decirte por ejemplo que me gusta tu imagen fuerte pero que mi no me engañas. Que tengo celos de las cosas que imagino y de las que me dejas imaginar. Que te quiero ver a los cinco minutos de verte, por qué no, y otros tantos deslices más. Quedar ridículamente valiente parada ahí. Entre el "te lo quería decir", "no debería decírtelo" y el "te lo dije".


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Te leo atentamente