4.1.16

Estaban devastados -Se levanta el hombre y comienza a narrar- Era un pueblo de poca importancia para aquellos que tenían poder. En realidad, era un pueblo de poca importancia para la vida en general. Incluyendo la lluvia. Llevaban meses y meses de sequía, no tenían alimentos, no tenían lugares verdes -Hablaba cada vez más y más fuerte, casi con desesperación- no tenían animales, no tenían agua... ¡Ni lágrimas tenían! Era un pueblo muerto, de vida y de esperanza. Una vez, los aldeanos decidieron reunirse a orar por la lluvia. En el día de la oración, todas las personas del pueblo llegaron a tiempo: ancianos, adultos, jóvenes, niños y hasta los pocos pobres animales que quedaban bajo su castigo -Hace una pausa mirando hacia abajo con tristeza- Y sin embargo... sólo un muchacho llevó paraguas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Te leo atentamente