26.12.15

Siempre comparé tu corazón con mi primera casa. Pero esta vez fue distinto. La casa estaba sin muebles y sin mis cosas. Desprendida de mi de una manera que me dejó sentir qué tan vacía estaba. Fue similar a proponerme visitar sola los lugares que antes visitabamos juntos y escuchar los ecos de las cosas que alguna vez nos dijimos. Lugares que antes estaban llenos nuestras vidas, ahora nos miran en silencio y un tanto abandonados. Y nosotros, que vivíamos en ese corazón, ya no estabamos. Me quedé lo suficiente como para reencontrarme con algunos recuerdos que creía perdidos. Junté las cosas que había dejado tiradas, pensando en que tal vez extrañarías mis desastres y caminé por última vez cada rincón de nuestra casa. Mañana, o en un par de días - autocorregí - va a ser la nueva casa de alguien más. Entonces noté las paredes llenas de mis dibujos desdibujarse y quedarse completamente en blanco. Paredes que probablemente, en el mejor de los casos, alguien llenará con sus recuerdos, enterrando todo lo que mis manos habían vivido y plasmado en ese lugar, sin dejar nada, excepto los ecos. Tal vez por eso empieces a creer en los fantasmas. En los míos. Y espero que no te asuste mi fantasía de creer que nuestros recuerdos pueden ser tan fuertes como para dejar su marca en la pared. Y que, cada tanto, me veas pintando en tu cocina o desparramando papeles por el comedor.

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Te leo atentamente