17.12.15

Ese había sido el problema desde un principio. No era de esas personas que ven, en un charco de agua, la suciedad. Era de esas que prefieren ver en ese charco el reflejo del cielo, porque sabe que la tormenta actúa como un telón, que se abre cuando termina de hacer ruido para mostrarte la función. No era de esas personas que se imaginaban algún dolor hasta que lograra formar parte de su cuerpo. Disfrutaba de saber que no le dolía nada. Pero el problema era que no le dolía algo. El problema era que le dolía alguien. Descubrió entonces, otro tipo de hambre que no viene de la panza, sino del corazón. Descubrió otro tipo de cansancio devastador, que no viene de correr todo el día, sino de esperar. Y no era adicta nada. Hasta que descubrió que abrazarte y sentir que la abrazas aún más fuerte, anestesiaba todo lo demás. Decidió entonces, no pensarte más. Y me pareció el remedio más estúpido que tomó durante el año, sabiendo que es imposible prohibir que el mar vuelva alguna vez a sus costas.






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Te leo atentamente