30.10.15

Estamos tan mal acostumbrados a hundirnos.  ¿Qué clase de barco zarpa diciéndole a sus pasajeros que no van a llegar a destino? ¿Qué comerciante vende sus productos diciendo que son de mala calidad? ¿Qué mujer se siente linda diciéndose fea? Estamos tan mal acostumbrados a no querernos. Tan mal acostumbrados a ignorar los detalles, a no disfrutar las cosas. Tan automatizados. Acerca de la felicidad, podemos hablar solamente por cinco minutos, no más. No tenemos nada que decir, excepto que somos felices. En cambio, podemos hablar de nuestra mala suerte durante toda la noche, en cualquier bar y con cualquier extraño.