23.3.15

Y empecé a escribir un libro en donde relataba nuestra historia. Sin tantos puntos y aparte, ni espacios sin rellenar. Sin manchas de vino o de café, ni olor a cualquier perfume. Sin que se corra la tinta, sin tachar algunas partes, sin páginas lagrimeadas. Redondeando la idea, completando la secuencia, quitando personajes, agregando los finales y otras tantas cosas más.
 Entonces entendí que nuestra historia era algo que estaba roto en pedazos, y dejé de escribir. 
Dejé de idear lo que hubiera sido perfecto porque pensé todo lo nuestro como un gran caleidoscopio. 
A partir de distintos pedacitos de nuestra historia, de diversos colores y diferentes formas, creamos una kalós (bella) éidos (imagen) de nuestro amor. 
Y estoy segura de que nunca voy a sentir un efecto similar.