9.2.14

Llegaron tarde a casa, se sentaron cerca y no dijeron ni una sola palabra. En ese silencio que, como siempre, nunca había sido incómodo, le preguntó: "¿Qué soy yo, para vos?". Con poca importancia, con los ojos levemente abiertos, ella empezó a recordar mirando hacia atrás. Recordó todas las veces que algo le dolió, y él le hizo olvidar el dolor. Todos los problemas y  temores perdiendo su papel. Recordó los momentos en que el reloj volaba y había otras cosas que había que hacer, pero que no se estaban haciendo y a ninguno le preocupaba. Recordó ese momento en que no le importó quedarse dormida con la boca abierta, ni abrirle la puerta sin estar arreglada. Cuando le contó acerca de sus preocupaciones más estúpidas y sin embargo, él siempre la escuchó. Recordó que nunca fue otra persona, y que siempre fue como es pero nunca se quiso mostrar. Se dio cuenta de que no le hacían falta tanta cantidad de frases ridículas, se sentó derecha, sonrió y simplemente respondió: "Felicidad".

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