26.1.14

La gente tiene tanto miedo de dar un paso hacia una nueva vida, que están dispuestos a cerrar los ojos a todo lo que no les conviene. Se enamoran de su dolor, hasta que simplemente son incapaces de salir de él. Se vuelven vulnerables a la tragedia, a las desgracias, al pensamiento, a la victimización, a volver más grave todo lo insignificante. Y eso los lleva a “estar”, estar mal, estar triste, estar depresivo, sólo estar, sin cambiar nada y sin intentarlo, porque, ¿para qué disfrutar, si puedo estar triste?. Por eso insisto en que no es lo mismo “ser” que “estar”. Ser feliz no es lo mismo que estar feliz, por eso prefiero ser.

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