28.1.14

De repente me di cuenta de que la gente debe tener un gran coraje para vivir: sólo un día fuera de casa deja en manos del destino, o en  manos de la vida, lo que pueda llegar a pasar. ¿Quién garantiza que vas a volver a hablar a la última persona a la que le hablaste? ¿y a besar a la última que besaste? Es la delgada línea entre el momento en que esa persona está y ya no está. Estamos acostumbrados a que esté, por eso ¿para qué abrazarte ahora, si te puedo abrazar después? ¿por qué te voy a dar otro beso si ya te di tres? Supongamos que cada minuto se pesa y se evalúa, y que sólo uno de ellos equivale a 60 segundos de felicidad, ¿cómo pueden, por ejemplo, estar peleados entre familias? o simplemente ignorar. ¿Cómo pueden, otro ejemplo, no tener tiempo para las personas correctas? Es un pequeño espacio, vacío y muy hueco, entre el gran coraje y la estupidez enorme.